Llegué hasta el corazón y este me dijo: "¿A quién engañas? Chico, quítame las telarañas. Escucha mis latidos porque son la voz más sabia y olvida la razón porque me lleva la contraria."
Chao, ya digo adiós, me voy, hasta la vista. Últimamente sólo le sonrío al dentista.
No es que me guste estar triste, pero es que los sueños están hechos de un material tan sensible...
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