Me gusta tu piel, espero que no te importe. Me gusta porque es magnética, parece un imán. Cuando estoy cerca tuya, me atrae hacia sí con una fuerza increíble. Me gusta tu piel porque es eléctrica, echa chispas y se calienta muy rápido, tan rápido que parece que te vayas a quemar allí mismo y convertirte en cenizas. Me gusta porque es suave también, da gusto tocarla. Me gusta tu piel porque está climatizada, sí, como las piscinas climatizadas. Un abrazo tuyo en invierno es cálido y agradable, mullido, como un abrigo de esos grandes y calentitos con plumas. Sin embargo, un abrazo tuyo en verano es fresco y mojado, al salir de la piscina o del mar. Me gusta tu piel porque tiene millones de olores distintos, siempre acordes a cualquier situación. A veces huele a batido de vainilla, otras a granizado de limón, otras huele a esa colonia que tanto me gusta, a veces huele a helado de menta y chocolate, o a veces, simplemente huele a tu inconfundible gel de ducha.
Me gusta tu piel por todo eso y porque, simplemente, la llevas tú puesta.
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