Ahora dime, ¿qué piensas hacer? Puf, rayada monumental, ¿verdad? A ver, a ver. ¿Es culpa mía que no confíes en mi? No. ¿Es culpa mía que la gente invente movidas? No. ¿Es culpa mía que se sequen los Polos? No.
Aunque lo creas, yo no tengo la culpa de todo. Lo malo es que dejé que lo fueras todo, y cuando lo hice no pensé en que si te ibas, no me quedaría nada. Pero, ¿sabes qué? ¿Sabes qué es lo mejor en estos casos? Cuando todo te falla, cuando él te falla: pasar de todo. Mandarlo todo a la mierda, durante un tiempo, y dejar de comerte la cabeza y de pensar durante unos días, semanas o meses. Eso es lo mejor. Ya vendrán tiempos mejores, ¿no? Sólo te digo que puedes buscarme cuando eches en falta los besos, abrazos, caricias, conversaciones sin rumbo, las risas y todo lo demás. A pesar de todo esto, sabes que volveré a ir detrás de ti, arrastrándome, más que nada porque te quiero más de lo que he querido a nadie. Y mira que dije que no iba a arrastrarme nunca... Bueno, en fin, cuando me eches de menos, ya sabes. Hasta entonces:
QUE LE JODAN AL MUNDO.

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